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El
fútbol es un deporte muy popular en el bosque de
Conejolandia, o tierra de los conejos. Como es natural,
don Conejo, el entrenador del equipo campeón, prefiere
a jugadores y árbitros experimentados.
¡Pobre Conejín, el sueño de convertirse
en árbitro está lejos de cumplirse! Él
no da la talla necesaria y tiene que conformarse con ver
actuar a los profesionales desde unos matorrales.
Estudia sus menores movimientos, pues quiere aprender todos
los secretos de este deporte.
En efecto, Conejín acaricia un bello sueño:
hacer un equipo de jugadores y una escuela de árbitros.
Llega el día en que Conejín, muy enterado
en el arte del fútbol, se decide a presentar batalla
a otros equipos. Gracias a un entrenamiento durísimo,
sus jugadores logran un alto nivel de calidad.
Ya está preparado el equipo para competir con
los demás anuncia Conejín al delegado
de deportes.
Bien, no hay ninguna regla que impida alistar al equipo
de Conejín dentro de los de más alta categoría.
Los hechos dirán si el aspirante se merece o no la
confianza de los aficionados.
En sólo veinte partidos, Conejín y su equipo
han demostrado ser imbatibles, pese a la gran desventaja
que tienen de ser nuevo equipo.
Conejolandia está asombrada ante el magnífico
juego desarrollado por el pequeño gran equipo y la
destreza de Conejín para pitar. La gloria ya está
al alcance de los futuros campeones.
Actividad
¿Qué enseñanza te deja el cuento?
¿Quién es el personaje principal?
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