| |
Discutían
el buey, el asno y el perro sobre quién era el más
útil.
-Soy yo -decía el asno-. Trabajo más que ninguno.
-¡Yo soy el más útil! -contestaba el
perro-. Y el más amigo del hombre.
-¿Y qué decis de mi fuerza? ¡Yo sí
que lo soy! -decía el buey.
Como no se ponían de acuerdo fueron a consultar a
los hombres.
¿El más útil?
-El asno -dijo el leñador-. Para mí no hay
otro.
-No, no -dijo el cazador-; el más útil es
el perro.
-No estoy de acuerdo -dijo el labrador-; es el buey el mejor
animal.
Al oír aquello, los tres se fueron sin saber qué
pensar. En la granja se lo contaron al caballo y éste
riéndose de ellos les dijo:
-¿Pero es que no saben que el hombre dirá
que el animal más útil es el que mejor le
sirve? Ir a dormir tranquilos porque ningún animal
es más útil que otro, sobre todo para los
hombres.
Como es de suponer, el buey, el asno y el perro no volvieron
a presumir de su utilidad ante nadie.
|
|