guanaquin@elsalvador.com
LA PRIMERA NAVIDAD

Era diciembre, todos los niños estaban ansiosos esperando la Navidad.

Pedrito era un chico de siete años que trabajaba todos los días para don Juan porque tenía que ayudar a su madre y a su hermanita Mariana, de tres años.

Don Juan era un joyero con mucho dinero, pero también era un hombre sin familia y lo único que le importaba eran los bienes materiales.
—Pedrito —gritó don Juan.

—Sí, señor —respondió el niño.
—¿Qué haces mirando por la ventana? Aún no terminas tu trabajo.

Pedrito dijo:

—¡Hoy es Navidad y a las doce de la noche es el cumpleaños del Niño Jesús.
—¿Y a mí qué me importa? —contestó.
—Pero, don Juan, hoy quería comprar algunas cosas para la cena de Navidad.

—¡Para la cena de Navidad! ¿Qué es eso? Tú lo único que quieres es escaparte más temprano. Hoy es un día común y corriente. Mejor sigue trabajando si quieres mantener tu empleo.

El pequeño siguió en su trabajo, tan triste que derramó una lágrima sin saber que lo estaban observando desde el cielo.

En ese momento, don Juan pegó un grito de horror que casi le saca el corazón a nuestro amigo.
—¡Pedro, Pedro, ven, apúrate! —gritaba el señor horrorizado.

—Don Juan, ¿qué le pasa?
—Vi un fantasma, vi un fantasma.
—Cálmese —dijo Pedrito—, yo no veo nada. Los fantasmas no existen.

—¿Me estás tratando de mentiroso?
—No, don Juan, disculpe, no quise decir eso.
Don Juan no le quería decir al niño que estaba asustado, pero Pedrito sabía la verdad y lo invitó a su casa a pasar la Navidad.

Cuando llegaron a la casa de Pedrito, don Juan quedó impresionado del amor y de la felicidad que se tenían como familia.

Esa noche sonrió como nunca lo había hecho, se dio cuenta de que nunca había tenido una Navidad y ahora la había compartido con unas personas muy alegres.
Al llegar las doce, debajo del árbol aparecieron los regalos para la familia y hasta don Juan tuvo el suyo.

 

 

RESPETA SIEMPRE LA CULTURA DE OTROS PAÍSES.

 



MERECIDO