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“Me encantaría aprender a bailar”, dice la vaca Rubia a su amiga.
“Las vacas no pueden bailar, porque pesan demasiado”, contesta Pinta. Pero Rubia está decidida.
Pide al conejo Caramillo que toque la flauta, se pone las zapatillas de ballet y se mueve al compás de la música.
—¡Ay, se ha resbalado!, y patina con tanta fuerza que se cae de espaldas en la charca de los patos.
Se endereza, enfadada, con un gran nenúfar colgando de los cuernos.
“Quizá no seas bailarina —le dice Pinta—, pero puedes dar leche para los niños, que es mucho más importante”.

FIN