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Mark Twain

Mi querida Susie Clemens:
He recibido, y leído, todas las cartas que tú y tu hermanita me han escrito con las manos de sus madres.

También he leído las que ustedes mismas, pequeñitas, me han escrito de su puño y letra, porque aunque no usaron las letras del alfabeto adulto, usaron las letras que todos los niños, de todos los lugares de la tierra entienden... y como todos mis duendes en el Polo Norte son niños y sólo usan esas letras, comprenderán fácilmente que pude leer los dibujos que tu hermanita y tú hicieron.

Vas a descubrir que no me equivoqué en las cosas que pidieron.

Llegué a su casa, cuando estaban dormidas, y las entregué yo mismo.

Las besé a las dos, además, porque son buenas niñas, bien educadas, de buenos modales y las niñitas más obedientes que he conocido.

Pero en la carta que dictaste había algunas palabras que no pude interpretar con seguridad y una o dos cosas que pidieron, que no pude llevarlas porque se nos había agotado la existencia y otras porque se las di a niños que las necesitaban.

Adiós por unos minutos, hasta que llegue al mundo y llame a la puerta de tu casa, tocando la campana.

Tu Santa Claus que te ama. Y a quien algunas personas llaman Papá Noel.