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Guatimozín,
sobrino de Moctezuma, era un hombre arrogante y
valeroso que subió al trono tras la muerte
que tuvo Cuittaahuac a causa de la viruela.
Para entonces, las tropas de Cortés, repuestas
del desastre de la Noche Triste, ponían en
lucha la capital del Imperio, Tenochticlán,
en una batalla de memorable genio militar.
Dirigidos por Guatimozín, los aztecas se
defendieron con indomable coraje durante 85 días,
y cuando vencieron la resistencia de los aztecas,
los españoles entraron en la ciudad, y apenas
si hallaron otra cosa que cadáveres y moribundos.
Uno de los supervivientes era Guatimozín,
que fue apresado. Al ser conducido ante Cortés,
puso la mano sobre el puñal y pidió
al caudillo español:
¡Atraviésame con él!
Impresionado por aquel gesto, Cortés le hizo
merced de la vida, pero poco después, a instancias
del tesorero real, Julián de Alderete, consintió
en que fuese sometido a tormento para arrancarle
el secreto de los tesoreros reales.
Junto con su ministro de finanzas, Guatimozín
fue tendido sobre un lecho de tizones y soportó
impávidamente el suplicio. No así
el ministro, que dio señales de ceder, quejándose
del horrible sufrimiento.
¿Acaso crees que yo le dijo Guatimozín
estoy en un lecho de rosas?
Aquel nuevo rasgo de valor le devolvió la
confianza de Cortés, quien resolvió
llevarle consigo a Guatemala. Pero el infortunio
perseguía al valeroso guerrero. Ya de camino
fue acusado de supuestas maquinaciones contra los
españoles, y Hernán Cortés,
no sin pesar, ordenó que fuera ahorcado en
la rama de una ceiba. Era el día 15 de febrero
de 1525.Guatimozín, sobrino de Moctezuma,
era un hombre arrogante y valeroso que subió
al trono tras la muerte que tuvo Cuittaahuac a causa
de la viruela.
Para entonces, las tropas de Cortés, repuestas
del desastre de la Noche Triste, ponían en
lucha la capital del Imperio, Tenochticlán,
en una batalla de memorable genio militar.
Dirigidos por Guatimozín, los aztecas se
defendieron con indomable coraje durante 85 días,
y cuando vencieron la resistencia de los aztecas,
los españoles entraron en la ciudad, y apenas
si hallaron otra cosa que cadáveres y moribundos.
Uno de los supervivientes era Guatimozín,
que fue apresado. Al ser conducido ante Cortés,
puso la mano sobre el puñal y pidió
al caudillo español:
¡Atraviésame con él!
Impresionado por aquel gesto, Cortés le hizo
merced de la vida, pero poco después, a instancias
del tesorero real, Julián de Alderete, consintió
en que fuese sometido a tormento para arrancarle
el secreto de los tesoreros reales.
Junto con su ministro de finanzas, Guatimozín
fue tendido sobre un lecho de tizones y soportó
impávidamente el suplicio. No así
el ministro, que dio señales de ceder, quejándose
del horrible sufrimiento.
¿Acaso crees que yo le dijo Guatimozín
estoy en un lecho de rosas?
Aquel nuevo rasgo de valor le devolvió la
confianza de Cortés, quien resolvió
llevarle consigo a Guatemala. Pero el infortunio
perseguía al valeroso guerrero. Ya de camino
fue acusado de supuestas maquinaciones contra los
españoles, y Hernán Cortés,
no sin pesar, ordenó que fuera ahorcado en
la rama de una ceiba. Era el día 15 de febrero
de 1525.
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