guanaquin@elsalvador.com


Érase una cebra que no tenía miedo ni del león, el terrible rey de la selva, ni del tigre, que se agazapa entre las altas hierbas.

Tampoco temía al jaguar, ni al elefante, capaz de arrancar los árboles de cuajo.

La cebra solía reírse de la boa, que estrangula a sus presas y hasta del cocodrilo, con sus enormes fauces y su doble hilera de mortíferos dientes.
Todos en la selva solían decir:

—Para valiente, la cebra.
Y todos la respetaban mucho. Pero un día sucedió algo extraño.

Estalló la tempestad. Se escuchó el horrible fragor del trueno, zigzagueó el rayo y la cebra salió huyendo.


Actividad

 ¿Qué le pasó a la cebra?
 ¿Eres tú como la cebra?
 ¿Por qué te dan miedo los truenos?