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Un
día, los emisarios reales fueron en busca
de Pulgarcito y el diminuto muchacho, muy intrigado,
compareció ante el rey.
¿Qué deseáis, majestad?
Muchacho, me encuentro en un verdadero dilema
y he pensado que tal vez puedas ayudarme.
Mi vecino, el rey Horacio, me ha desafiado con un
acertijo y si no le doy la respuesta adecuada se
quedará con una comarca de mi propiedad.
Escucha bien, porque el acertijo es éste:
Nadie es tan viejo ni nadie es tan joven como
él. Se viste de blanco, de verde, de oro
y de marrón. ¿Quién es?.
Pulgarcito se rascó la cabeza y pidió
al soberano algún tiempo para reflexionar.
Sentado a orillas del río veía las
mieses balancearse con la brisa. Empezaban a dorarse
y todo era verdura a su alrededor.
¡Ya está! gritó.
Y dándose una palmada en la frente corrió
al palacio real.
¡Señor, señor! ¡Lo
tengo! Nadie es más viejo que el tiempo,
ni más joven que él, pues nace todos
los años y se viste de blanco en invierno,
de verde en primavera, de oro en verano y de marrón
en otoño.
Gracias, Pulgarcito, gracias. ¿Cómo
puedo pagarte el favor?
Podrías regalarme un reloj en recuerdo
de descifrar el secreto.
Y el muchacho, sin ambición pero práctico,
tuvo algo que siempre había deseado.
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