guanaquin@elsalvador.com


Hace muchos años vivía con su familia un pollito llamado Llito. Todos los días, mamá gallina salía con sus pollitos a pasear.

Mamá gallina iba al frente y los pollitos marchaban detrás. Llito era siempre el último en la fila. De pronto vio algo que se movía en una hoja. Se quedó asombrado ante lo que vio. Era un gusanito.

Mamá gallina y sus hermanos ya estaban muy lejos. Llito, al ver que no tenía a su familia cerca se puso a llorar.

—¡Pío, pío, pío, pío!
—¿Qué te pasa? —preguntó el gusanito.
—Mi mamá y mis hermanos se han ido y estoy perdido.
—No te preocupes, amiguito. Vamos a buscarlos —le dijo el gusanito.
—¡Vamos, vamos! —dijeron los dos.
En el camino se encontraron al gato, quien les preguntó:
—Miau, ¿a dónde van?
—Mi mamá y mis hermanos se han ido y estoy perdido —dijo muy triste Llito.
—Yo iré con ustedes a buscarlos —dijo el gato.
—¡Vamos, vamos! —dijeron a coro.
Al rato se encontraron con un perro.
—Guau, ¿hacia dónde se dirigen? —preguntó.
—Mi mamá y mis hermanos se han ido y estoy perdido —dijo llorando Llito.
—Guau, iré con ustedes a buscarlos.
—¡Vamos, vamos! —dijeron a coro.
Y así el perro, el gato, el gusanito y Llito caminaron y caminaron buscando a mamá gallina.
—¡Llito, Llito! ¿Dónde estás? —gritaba a lo lejos mamá gallina.
—¡Es mi mamá! —exclamó Llito.
El perro ladró “guau, guau”. El gato maulló “miau, miau” y el gusanito se arrastró. Todos brincaron alegremente. Al fin habían encontrado a mamá gallina.
El perro, el gato, el gusanito, Llito y su familia se abrazaron y rieron de felicidad.
—Gracias por cuidar a mi hijo. Los invito a mi casa a comer bizcocho de maíz —dijo mamá gallina.
—¡Vamos, vamos! —dijeron todos.
Al llegar a la casa, mamá gallina les sirvió el rico pan. Nuestros amigos se lo comieron todo, todo, todo. FIN