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Llamaron a la puerta de don Lirón. Este, desganado, acudió a abrir. Era el hijo menor del matrimonio Topo.
—Dice mi mamá que a ver si puede usted prestarme un kilo de harina. Está haciendo un pastel muy grande y se le ha acabado —explicó el pequeño.
Don Lirón, de siempre muy tacaño, le dio el kilo de harina a regañadientes. El matrimonio Topo le había hecho algunos favores y se sentía obligado a corresponder.
Media hora más tarde volvió a sonar el timbre de su puerta. Era otra vez Topito, quien ahora pedía medio kilo de azúcar, también para hacer el pastel, claro.
Don Lirón, irritado, le dio medio kilo, pero de sal. —Así aprenderán esos pediches y el pastel les saldrá espantoso.
Al poco rato, la familia Topo, en pleno, llamaba a la puerta de don Lirón.
Mamá Topo traía en sus manos un gran pastel.
—Venimos a felicitarle, don Lirón. ¿No es hoy su cumpleaños? —dijo ella con una gran sonrisa.
A don Lirón casi le dio un ataque. Su tacañería había sido castigada como era debido. FIN

ACTIVIDAD
¿Qué ingredientes le faltaban a mamá Topo para hornear el pan? ¿Qué le sucedió a don Lirón? ¿Cuál es el mensaje de este cuento?

 


 

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