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Esta
leyenda totémica pipil, al igual que el libro del
Popol Vuh, trata de dar una explicación
del origen del maíz en América.
Se dice
que hace mucho tiempo en la ciudad de CinacaMecallo,
antiguo poblado indígena, la hija del Ajau Calel
(jefe del lugar) salió a bañarse a un
río.
Pero el gozo y la alegría de la muchacha se interrumpieron
cuando una voz imperiosa le dijo que si deseaba conocer
a un alto varón. |
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La
joven, asustada, abandonó su baño y emprendió
el camino para encontrar al hombre que la voz misteriosa
le anunció.
Luego la curiosidad y la duda se debatían en
el ánimo de la muchacha y la incertidumbre se
fue haciendo más fuerte. |





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Al poco andar se encontró
con una caverna, la revisó y en su interior estaba
descansando el Señor de los murciélagos,
con quien se unió, tuvo un hijo, y este, al igual
que su padre, no podía ver en la luz del sol.
Por ese tiempo, una plaga de ratas se comió todo
el maíz de la población y el jefe de la ciudad
consideró que la causa de la calamidad era el pecado
de su hija de casarse y tener un hijo con el Señor
de los murciélagos; por eso el padre de la
joven la expulsó de la casa, no sin antes advertirle
que la vida del niño y su retorno a la ciudad quedaban
condicionados a que ella consi-guiera una nueva semilla
de maíz.
La joven empezó a recorrer los dominios de su padre
sin poder encontrar el ansiado grano. Cansada y acongojada
por la suerte de su hijo se durmió en pleno bosque.
Al despertar se encontró en la caverna del padre
de su hijo. Ella al verlo se echó a llorar. El semidiós
le preguntó el motivo de su llanto y ésta
le contó la historia.
Ante tal situación, el Señor de los
murciélagos le aconsejó volver a la
ciudad y le dijo que mandara a los trabajadores a limpiar
los campos y que después ella tenía que arrancarse
los dientes y sembrarlos en los surcos hechos.
Al llegar el momento de la cosecha, los granos salieron
blancos y brillantes, al igual que los dientes de la mujer
que se sacrificó por su pueblo.
Fin
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