Guanaquin.com
 

Cartas a Guanaquín


Escríbeme

Visita tu
departamento

Morazán
San Miguel
Usulután
San Vicente
Cabañas
La Paz
Cuscatlán
Chalatenango
San Salvador
La Libertad
Sonsonate
Santa Ana
Ahuachapán
 


ClicClicClicClicClicClicClicClicClicClicClicClic

Esta leyenda totémica pipil, al igual que el libro del “Popol Vuh”, trata de dar una explicación del origen del maíz en América.

Se dice que hace mucho tiempo en la ciudad de Cinaca–Mecallo, antiguo poblado indígena, la hija del Ajau Calel (jefe del lugar) salió a bañarse a un río.
Pero el gozo y la alegría de la muchacha se interrumpieron cuando una voz imperiosa le dijo que si deseaba conocer a un alto varón.
  La joven, asustada, abandonó su baño y emprendió el camino para encontrar al hombre que la voz misteriosa le anunció.
Luego la curiosidad y la duda se debatían en el ánimo de la muchacha y la incertidumbre se fue haciendo más fuerte.





 

Al poco andar se encontró con una caverna, la revisó y en su interior estaba descansando el “Señor de los murciélagos”, con quien se unió, tuvo un hijo, y este, al igual que su padre, no podía ver en la luz del sol.
Por ese tiempo, una plaga de ratas se comió todo el maíz de la población y el jefe de la ciudad consideró que la causa de la calamidad era el pecado de su hija de casarse y tener un hijo con el “Señor de los murciélagos”; por eso el padre de la joven la expulsó de la casa, no sin antes advertirle que la vida del niño y su retorno a la ciudad quedaban condicionados a que ella consi-guiera una nueva semilla de maíz.
La joven empezó a recorrer los dominios de su padre sin poder encontrar el ansiado grano. Cansada y acongojada por la suerte de su hijo se durmió en pleno bosque. Al despertar se encontró en la caverna del padre de su hijo. Ella al verlo se echó a llorar. El semidiós le preguntó el motivo de su llanto y ésta le contó la historia.
Ante tal situación, el “Señor de los murciélagos” le aconsejó volver a la ciudad y le dijo que mandara a los trabajadores a limpiar los campos y que después ella tenía que arrancarse los dientes y sembrarlos en los surcos hechos.
Al llegar el momento de la cosecha, los granos salieron blancos y brillantes, al igual que los dientes de la mujer que se sacrificó por su pueblo.

Fin



Arriba

Guanaquin.com ®
Derechos Reservados
El Salvador, Centro América.