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Esta era una señora que sabía hacer brujerías. En la noche se levantaba y echaba el espíritu en una taza de agua y se hacía coyota, y entonces es cuando iba a robar gallinas. Todas las noches robaba una gallina, y en el día se la daba de comer al marido... sólo gallinas.   Pues dicen que un día, el marido se puso en cuidado de que comía gallina y le siguió los pasos.
Se levantó, la siguió y vio todo lo que hacía: cuando cogía la taza de agua y se la acercaba a la botella, y luego echaba el espíritu en la taza y ya resultaba esa coyota.
 

Entonces el marido cogió la taza y le botó el agua. Cuando regresó la coyota no encontró el agua y no pudo volver a convertirse en persona: se quedó hecha animal.
Entonces, en este pueblo (Jocoro) le decían la coyota Teodora. Ah, y contaban algunos ancianos de aquí que entraba a las plantas. Era una coyota mansa y lloraba de hambre. Los que la conocían le decían: ¿Tenés hambre, Teodora?, y le daban, le tiraban las tortillas y todo, y así se mantenía.
Por fin dicen que se fue la coyota Teodora detrás de unos hombres que iban para el lado de Honduras o de Corinto, no sé dónde y se ahogó por allí por Monteca. Dicen que allí fue a morir la coyota Teodora.

Fin

 


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