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El
31 de enero de 1939 concluyó el segundo periodo presidencial
del general Francisco Morazán, quien gobernaba desde
San Salvador como capital federal. La capital del Estado residía
en San Vicente.
Honduras,
Nicaragua y Costa Rica se habían separado del pacto
federal desde 1838. Guatemala se segregó el 17
de abril de 1839. En consecuencia, ningún Estado
se preocupó por elegir sucesor del general Morazán.
La ilusa República Federal sólo la conformaban
entonces El Salvador y el Estado de los Altos (Quezaltenango),
que se había separado de Guatemala.
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Durante
los últimos meses de su gestión, el general
Morazán había sido llamado de Guatemala
para que combatiera a Rafael Carrera, quien vivía
en constante insurrección.
El caudillo unionista estaba rodeado de muchos enemigos;
quizá el más temible el presidente de Honduras,
Francisco Ferrera, que invadía constantemente El
Salvador con fuerzas hondureñas y nicaragüenses.
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Uno
de los últimos encuentros se efectuó al norte
de San Miguel, en el Espíritu Santo, que fue ganado por
el general Morazán.
Como Ferrera no aceptara la derrota, en septiembre de 1839 penetró
hasta Suchitoto, hacia donde se encaminó el general Morazán.
Agentes de Ferrera tomaron como rehenes a la esposa y a los
hijos del caudillo en San Salvador para exigir su renuncia y
su exilio, pero Morazán aseguró que aunque sus
familiares eran sagrados para él, su deber era atacar,
así tuviera que pasar sobre sus cadáveres.
Retornó a San Salvador y liberó a su familia.
Ferrara, por su parte, avanzó hasta San Pedro Perulapán,
donde el 25 de septiembre el general Morazán lo derrotó.
Esa fue la última victoria del caudillo, ya que en marzo
de 1840 fue derrotado en Guatemala frente a las huestes de Carrera.
Fue fusilado en San José el 15 de septiembre de 1842.
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