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Cristina Alvarado
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Deja
un momento lo que estás haciendo y asómate
a la ventana le dice María José,
de 14 años, a su prima.
¿Para qué? contesta Elena,
de 8 años.
Quiero saber si ves lo mismo que yo.
Pues, mmm... en la acera están unas bolsas,
dos árboles de fuego que le dan color a la calle,
casas, y una señora que vende mangos. ¡Qué
ricos! ¿Qué viste tú?
Basura en el suelo y humo en el cielo.
¡Ah, pero eso siempre está ahí!
En la escuela dijeron que el ambiente es lo que
vemos alrededor: plantas, animales, ríos, lagos,
el mar, los árboles, el suelo, pero no mencionaron
la basura y el humo |
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dice María José
para sí misma.
Es porque todo eso lo creó Dios, pero los desperdicios
y el humo están aquí por culpa de las personas
respondió Elena.
¿Y si los quitamos?
¡Qué locura!... ¿Y cómo?
¿Se puede?
Sí, todo es comenzar. Y nuestro inicio está
en el terreno atrás de la escuela. Podemos convertirlo
en un campo verde. Si cada estudiante es hermano o hermana
de un árbol y lo ayuda a crecer, para que dé
frutas y sombra.
¡Todos podemos ayudar! ¡Quiero ser hermana
de un árbol de mango! grita Elena.
Un momento después, las niñas planean cómo
pedir ayuda a sus maestros para que cada uno en la escuela
contribuya a aliviar los problemas ambientales de su comunidad.
Fin
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