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Esta anécdota también nos estimula a ser
auténticos en nuestra conducta y a evitar toda hipocresía.
Una
vez, Confucio paseaba por la orilla de un río. De
repente exclamó:
¡El tiempo es como el agua del río que
no deja de correr! Además, cuando está tranquila
es tan mansa como una oveja, pero cuando es torrencial,
es tan impetuosa como el galope de diez mil caballos.
Mencio fue un gran filósofo chino que se dedicó
a investigar y a desarrollar el pensamiento de Confucio.
Cierto día, un tal Hsü-pi le preguntó
a Mencio por qué Confucio, cuando veía el
agua, exclamaba:
¡Agua, agua!
Mencio contestó:
Observemos primero las cualidades del agua. Un río
desde su nacimiento corre sin cesar día y noche;
si en su curso hay un hueco, lo llenará y seguirá
corriendo sin interrupción hasta llegar al mar.
¡Exactamente, así es el agua del río!
exclamó Hsü-pi.
Ahora veamos el agua en la cuneta al lado del camino.
Son aguas que se desbordarán fácilmente después
de los chaparrones, pero que después de una lluvia
ligera se secarán rápidamente. ¿Ves
claro lo que ocurre?
Sí, he notado los cambios, ¿pero eso
tiene un sentido especial? preguntó Hsü-pi.
El agua que tiene una fuente o nacimiento es como
una persona que no se detiene hasta alcanzar su límite
perfecto. En cambio, los desaguaderos que no tienen origen
son como los hipócritas que sólo logran ser
admirados a corto plazo; pronto la gente descubrirá
fácilmente su máscara. De hecho, un hombre
bueno no se siente feliz cuando la admira-ción que
le tributan es exagerada. Por eso Confucio se impresionó
al ver el agua.
FIN.
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¿QUIÉN
ES CONFUCIO?
Un filósofo chino (551-479 a.C.) fundador
de un sistema moral que exalta la fidelidad a la tradición
nacional y familiar.
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